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En los setenta, debido al aumento del número de niños y de adultos abandonados, la orden abrió clínicas de mayor alcance para leprosos, orfanatos y hospicios gratuitos en templos abandonados y hangares.
En los ochenta, las Misioneras de la Caridad se habían extendido, abriendo casas en Australia, Europa, África y EE. UU. En 1982, la Madre Teresa rescató a 37 niños que habían quedado atrapados en un hospital, en Beirut, e intervino en la negociación del alto el fuego entre el ejército israelí y la guerrilla palestina. Viajó personalmente al lugar con los trabajadores de la Cruz Roja, demostrando su coraje y su perseverancia al seguir la voluntad de Dios. Continuó su influencia internacional trabajando en Etiopía, con las víctimas de la radiación en Chernobyl, con las víctimas del terremoto armenio y en los países comunistas. En 1996, ya había 517 misiones en más de 100 países.
La Madre Teresa recibió numerosos premios por su labor, entre ellos, el Premio Papa Juan XXIII de la Paz en 1971 y el Premio Nobel de la Paz en 1979. Ante tanta atención mundial, aprovechó la situación para tratar importantes problemas sociales y morales. Entendió la pobreza no sólo en términos del ser sin medios, sino del ser carente de la comprensión del amor de Cristo.
Tras sufrir un ataque al corazón en 1983, su salud empezó a deteriorarse a comienzos de los noventa. Después de contraer malaria y de un colapso cardíaco parcial, dejó el liderazgo de la congregación en marzo de 1997. Justo una semana después de cumplir los 87 años, falleció el 5 de septiembre de 1997.
La Beata Teresa de Calcuta no sólo fue una hermana Misionera de la Caridad, sino sencillamente una misionera de caridad, del fuego de la caridad de Cristo. Vivió soportando con paciencia una larga prueba de fe. Los peregrinos de la JMJ08 pueden pedirle los ojos para ver a Jesús en cada persona, para proteger la dignidad de cada persona desde su concepción hasta su muerte natural.
Beata Teresa de Calcuta, testigo de los pobres y de los moribundos ? ruega por nosotros.
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